Palabras del Canciller Miguel Vargas Maldonado en el foro de celebración del 70° Aniversario de la firma de la Carta de la OEA (Pacto de Bogotá)

Palabras del Canciller Miguel Vargas Maldonado en el foro de celebración del 70° Aniversario de la firma de la Carta de la OEA (Pacto de Bogotá)

Palabras del Canciller Miguel Vargas Maldonado en el foro de celebración del 70° Aniversario de la firma de la Carta de la OEA (Pacto de Bogotá)

 

Muy buenas tardes.
Excelentísimo Señor Luis Almagro, Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA);
Honorable Señor Milton Ray Guevara, Presidente del Tribunal Constitucional;
Honorable Señor Julio César Castaños Guzmán, Presidente de la Junta Central Electoral, y demás Miembros Titulares de ese Organismo;
Honorable Señora Janet Camilo, Ministra de la Mujer;
Honorable Señor Flavio Darío Espinal, Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo y Ex-Embajador ante la OEA;
Honorable Señor Pedro Vergés, Embajador Designado de la República Dominicana en Canadá y Ex-Embajador ante la OEA;
Excelentísimos Señores Jefes de Misiones Diplomáticas Acreditados en el País;
Honorables Señores Representantes de los Organismos Internacionales, y Miembros del Cuerpo Consular aquí presentes;
Honorables Señores Ministros, Viceministros, Directores, y demás Funcionarios de las Diferentes Instituciones del Estado;
Distinguidos Invitados Especiales;
Amigos de la Prensa;
Señoras y Señores.

Reciban un efusivo saludo y la más calurosa bienvenida a este evento, en nombre del Presidente Lic. Danilo Medina y en el mío propio.

Asistimos hoy, regocijados de alegría, a este encuentro, que se inscribe en el marco del 70 Aniversario de la Organización de Estados Americanos (OEA), pues, como ustedes saben, nuestro país es miembro fundador de la Organización y en esa condición histórica privilegiada, hemos querido rememorar esa larga historia que, a su vez, es la historia de la organización regional más antigua.

En consecuencia, esperamos que de este panel salga a relucir todo el trayecto de una organización que se dio como reto la de ser garante del respeto a la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

No obstante, de seguro habrán valoraciones en diferentes perspectivas, pero todas enfiladas a procurar una mejor OEA para estos tiempos de desafíos y de amenazas regionales y globales.

Con ese espíritu de reflexión, y en voz alta, quisiéramos sentar aquí algunas valoraciones y reconocimientos.

Y empezaremos diciendo, con toda seguridad, que hoy vivimos en nuestra región, momentos de grandes cambios, de grandes retos y desafíos; pero también de amenazas que ponen en peligro el proceso de construcción y afianzamiento de la democracia representativa que, de alguna forma, iniciamos con la superación de los regímenes autoritarios que asolaron nuestro hemisferio por décadas. Por supuesto, tal proceso no se dio de manera simultánea, si no que, en cada país se logró bajo condiciones, coyunturas o situaciones históricas concretas.

No obstante, podemos situar la década de los años 80, como el final de los últimos reductos del autoritarismo o, más bien, de las noches oscuras de sangre, crímenes, de violación de los derechos humanos y de las libertades públicas que vivió nuestro Continente.

Esas amenazas, ya no son las tradicionales como la de un general que quisiera tomar el poder por la fuerza, el crimen o el terror; o la de un autócrata que quiera lo mismo, ya que la única forma válida y reconocida de acceso al poder es a través de la celebración de elecciones libres y transparentes, con el acompañamiento de la debida observación electoral de la comunidad internacional.

No, ya no son esas las amenazas a las que se enfrentan las frágiles democracias de nuestra región, sino a otras asociadas a falencias estructurales tales como: exclusión social, marginalidad, precariedad de servicios públicos, deficiente administración de justicia, desempleo, educación de baja calidad, corrupción pública y privada y otras de carácter regional como: desarrollo integral, integración regional, gobernabilidad democrática, seguridad alimentaria, sostenibilidad medioambiental, seguridad ciudadana, salud y agua potable, entre otros.

Visto así, esas amenazas y desafíos nos imponen el imperativo inaplazable de construir y articular una estrategia regional común, pues no sólo nos exponemos a esos retos, sino que también nos enfrentamos a amenazas de otra índole como: terrorismo, ciber-delincuencia, narcotráfico, trata de personas, cambio climático, así como al fenómeno más invisible de todos, que consiste en la posibilidad de caer en la obsolescencia si no nos actualizamos.

Distinguidos invitados, por mucho tiempo, nuestro país miró con recelos, resquemores y hasta cierto rechazo a la OEA, pues dicha organización hemisférica quedó estigmatizada de forma negativa en la memoria colectiva del pueblo dominicano, como el organismo internacional que amparó la grosera intervención que sufrimos en 1965.

Ese bochornoso y lamentable acontecimiento, se fijó como un cisne negro en nuestra conciencia histórica que, de alguna forma, operó como un lastre en nuestras relaciones, pues, ése hecho, fue una negación categórica de los principios de la Carta fundacional de la OEA y una flagrante violación a la autodeterminación de nuestro pueblo y al respeto de su soberanía.

Y no fue hasta hace poco, en el 2016 en el marco la 46 Asamblea General de la OEA celebrada en nuestro país, cuando la organización hemisférica, mediante una resolución, de alguna forma, saldó esa deuda o afrenta histórica con nuestro pueblo y con su propia Carta fundacional, resolución de la que sólo quisiéramos mencionar y reiterar aquí –para que no se olvide- su resolutivo único que dice, cito: “Expresar al pueblo dominicano su pesar, por haber respaldado, en 1965, la invasión de su territorio y el atropello a su soberanía (…), asumiendo el compromiso de trabajar en procura de que acciones semejantes no se repitan en el futuro”, termina la cita.

En seguimiento a dicha resolución de desagravio y perdón al pueblo dominicano, quisiéramos reconocer la dispuesta voluntad política, institucional y personal del actual secretario general de la OEA, Sr. Luis Almagro Lemus quien nos honra hoy con su presencia, y que siempre mostró disposición y firmeza para que el desagravio y perdón, de parte de la OEA al país, se hiciera una realidad. Y se lo agradecemos infinitamente, pero a la vez depositamos en él y en el Consejo Permanente de la OEA, la determinación firme e intransigente de trabajar en procura de que acciones semejantes no se repitan en el futuro en nuestro hemisferio.

Y no ha sido fortuito que superado ese amargo trance de triste recordación, que hoy la relación de la República Dominicana con la OEA haya entrado a otra etapa que va dejando atrás aquella que fue tensa y de desconfianza, por otra que vamos construyendo con firmes visos de estabilidad y colaboración permanente, y donde podemos decir que nuestra relación con el secretario general, el Consejo Permanente y los grupos regionales y subregionales, en el ámbito de la OEA y más allá, son excelentes, de activa colaboración constructiva y de participación en todo el quehacer de la agenda hemisférica de la organización.

Hoy, con toda certeza, la República Dominicana tiene una presencia más proactiva y de visibilidad en el foro político por excelencia de las Américas. No obstante, no siempre la OEA ha tenido oídos abiertos y atentos para escuchar las razones dominicanas, entre otras cosas, porque hacía falta, primero, hacerlas visibles, exponerlas y defenderlas con sólidos argumentos y mayor eficacia y dignidad, como lo hemos venido haciendo, ganándonos el apoyo, la compresión y la solidaridad incluso de aquellos que, por alguna razón, ni siquiera nos querían escuchar; y segundo, porque hay una nueva política exterior del Estado dominicano que prioriza la defensa de nuestros intereses a través de una diplomacia proactiva basada en resultados.

¡No saben, cuánto valoramos ese cambio de actitud y de percepción internacional hacia nuestro país!

Por esos halagüeños antecedentes, es que decimos, que les hemos dado vuelta a la página, y que la OEA, al sacar al país del capítulo IV-B, ¡donde nunca debimos estar! ha valorado y reconocido los avances que, en materia de política migratoria, puede exhibir nuestro país, pues la misma podría enmarcarse como un hito en la región al sentar un régimen de regularización de migrantes para miles de extranjeros que viven en el país.

Todo ello, respetando nuestra Constitución, los derechos humanos, el derecho internacional y nuestra legislación nacional. Y por supuesto, nuestra soberanía.

Así mismo, valoramos profundamente la aprobación unánime del Consejo Permanente de poner el nombre de nuestro Patricio Juan Pablo Duarte a un Salón de la OEA, el 20 de abril del 2018 y la decisión de la secretaría general de declarar, al merengue dominicano como “patrimonio cultural de Las Américas” el 23 de mayo de este mismo año.

Distinguidos invitados, hoy quiero decir con orgullo frente a ustedes, que en nuestro país existe pleno ejercicio democrático, plena libertad de asociación, plena libertad de culto, total libertad de expresión, plena libertad de empresa y respeto absoluto a los derechos humanos. Además, hoy podemos exhibir importantes avances institucionales en materia electoral, del registro civil, del sistema carcelario, en materia de transparencia y en políticas hacia la mujer, entre otras.

Asimismo, podemos exhibir una sólida estabilidad macro económica, un envidiable crecimiento económico muy por encima del promedio en la región, una evidente modernización de la infraestructura, grandes avances en la educación, una amplia política social y una real disminución de la pobreza.

Es avalado por esos antecedentes y por la justeza de nuestra causa, que aspiramos a que la Comisión Interamericana de derechos Humanos (CIDH) nos saque del capítulo V y nos coloque en el sitial internacional que nos hemos ganado.

Finalmente, quisiéramos reafirmar hoy aquí, que el futuro de la relación de la República Dominicana con la OEA y el hemisferio es más que promisorio, es esperanzador porque está basado en la franqueza y la solidaridad que nos caracterizan como pueblo; pero también en nuestra determinación de país soberano de inequívoca vocación democrática.
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Gracias Sr. Secretario General, por su presencia, igualmente a todos los participantes e invitados a este evento, que estamos seguro se coronará de éxitos y de nuevas perspectivas constructivas, así como de soluciones para nuestros desafíos comunes, de manera que podamos encarar con mayor eficacia los retos y desafíos que tenemos por delante.

Muchas gracias…

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